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No hay distancia o espacio de tiempo que pueda disminuir la amistad de aquellos que están completamente convencidos de que sí vale la pena.

—Robert Southey (via poesianoerestu)

Entradas Tres

Hay personas con las que podría hablar por el resto de mis días. Hay voces que me inspiran a confiar en ellas, a amar aunque a veces no sirva de nada. Hay ojos que me han dicho más cosas de las que he podido escuchar de tantas bocas. Conocí la vida desde tus ojos y en tus ojos se resumió una existencia. La mía tal vez. Pero la de muchos otros también. En tu voz aprendí a confiar ciegamente, y deje el miedo de sentirme como realmente soy cuando nadie me ve. Contigo aprendí que debía amarte y ahora me doy cuenta que a veces amar hasta ya no poder no sirve de nada.

En tu voz aprendí tantas cosas. Aprendí que lloras cuando no puedes hablar, y que por más que lo intentes tu voz te delata porque nunca podrá sentirte cómoda por la forma en que hablas, la forma en que te comportas. De tu voz también aprendí que hay personas que a veces fingen tan solo para agradar a otras. Tu voz se volvía más baja y quería sonar más interesante alrededor de ciertas personas. Yo lo odiaba. Tu voz natural le sentaba mucho mejor a tu actitud inocente. Tu voz fingida era una tontería y se que muchos hablaban a tus espaldas y yo nunca quise decirte nada. Nunca quise lastimarte ni decirte que tu voz fingida sonaba tan necesitada, tan estúpida y vacía.

Se aprenden tantas cosas cuando se ama tanto a alguien. Aprendí a conocerte y a observar a los demás porque era un defecto tuyo, observar y criticar. Yo lo aprendí tan bien aunque no crítico porque eso sería recordarte más. Observo y en tantas otras personas totalmente desconocidas a mi, encuentro tantos rasgos y tantas cualidades que vi en ti.

Al hablar con alguien nuevo siempre tengo la mente abierta para conocer a alguien interesante, para dejarme querer. Es inevitable querer ser amada a veces. Es inevitable querer sentir lo que sentí contigo una vez más. En el punto medio de la conversación, o tal vez un poco antes, me desespero. Me desespera. <Es ilógico> me digo a mi misma. No trato de buscarte en nadie más, y sin buscarte te encuentro siempre. Me desespero. Es tan ilógico. Soy tan ilógica. No quiero recordarte, ni siquiera pienso que te recuerdo y estas allí arruinando una nueva oportunidad, una conversación interesante, tal vez hasta un beso reprimido. En el punto medio de cualquier cosa me desespero. Porque estas allí y no quiero. Porque siento que es ilógico remplazar esta memoria y este amor que todavía sigue vivo después de tanto tiempo. Siento que es ilógico manchar y deshacerme de esta angustia y esta tristeza. Siento que forman parte de mi, una parte que nadie puede suplir.

Hay personas en las que me pierdo y me desespero, hay personas como tu, que he perdido y es aún más desesperante porque esta vez eres la única que importa. Más nadie.

Muriel Barbery - La elegancia del erizo

Muriel Barbery - La elegancia del erizo

No quiero que me quieras (con influencias más que evidentes) — Carlos Salem

No quiero que me quieras por ser bueno no lo soy
(nadie miente mejor que el que aprendió el oficio
engañándose a si mismo).

No quiero que me quieras porque estoy
pues tengo la costumbre de marcharme
casi sin remordimientos
cuando alguien ignora mis indicios.

No quiero que me quieras solo por lo que escribo
(mis palabras son románticas rameras
que dicen la verdad
pero siempre me han consentido).

No quiero que me quieras por estar disponible
(no hay mayor egoísmo que  darse sin medidas
y sentirse necesario
para quien te resulta imprescindible).

No quiero que me quieras porque intuyes que te espero.
Aunque me muestre inofensivo para no espantarte
nunca podré asumir un destino de perchero.

No quiero que me quieras porque sabes que te quiero.
El mercado de mi vida no funciona con trueques
y el amor debe ser más que un canje de prisioneros.

Ya lo dijo Sabina -mejor- en la canción que conocemos,
pero lo digo yo, que no aprendí a callarme a tiempo:

Yo quiero que me quieras como quieras
como inventes y sepas
como menos te duela
y te mate por dentro
como mejor te salga
como el peor secreto
como no puedas querer de nuevo.

Yo quiero que me quieras a tu manera
aunque lo digas poco y lo sientas todo el tiempo
aunque nunca me escribas un poema.

No quiero que me quieras
porque estoy enfermo
sino
porque no tienes más remedio.

Y si no puedes quererme así
de un modo imperfecto
pero inédito
entonces
entonces no me quieras. 

Toco tus miedos, los acaricio apenas, no les doy de comer ni los mato de sed. Tus miedos son bienvenidos porque vienen contigo.

— Carlos Salem

Carlos Salem

Carlos Salem

Carlos Salem

Carlos Salem

Carlos Salem - Erróneos e incorrectos.

Te dirán que los poemas no pagan la hipoteca,
Que pintar los caminos de tu pena no lleva a ningún lado.
Que los recuerdos del vino no son sólidos.
Que pastar sin la manada es provocar la codicia del lobo.
Que el tiempo es un juez insobornable.
Que la revolución empieza por comprar muebles de Ikea.
Que un colchón en el suelo queda lejos del Nirvana.
Que es mejor un buen curriculum que una sincera biografía.
Que las chicas malas van al cielo si un santo las recomienda.
Que la vida es un negocio que exige garantías.
Que la paz es sólo la capital de Bolivia y la justicia una gallina ciega.
Que agachar la cabeza sirve para ver los pozos que te esperan.
Que no siempre serás joven y es mejor vender a tiempo.
Que estás equivocada o loca.
Que yo no te convengo.

Tendrán razón y tú lo sabes.

Como sabes también que la razón
nunca lloró de felicidad tras orgasmo
o de premonición con un verso de Ángel Gonzalez
ni paseó sin bragas por una calle transitada
o voló aferrada a los barrotes de una ventana.
la verdad no se sintió de cristal pero irrompible
no saltó al vacío con los ojos bien abiertos
ni fue vestida con pétalos de rosa
por dentro
y para siempre.

Por eso
porque lo sabes
pero vienes
es que vamos
erróneos e incorrectos.
Y por eso
es que contra reglamentos y manuales
te quiero

El animal - Carlos Salem

El animal - Carlos Salem

Un día toqué fondo, o al menos eso pensaba, y me dije ¡el mundo no acaba aquí! Seguí cavando hasta hacer del fondo un abismo y no he dejado de cavar.

—Christian Guerrero. 

(Fuente: aveliteraria)